La trata de personas y el tráfico ilícito de inmigrantes son dos términos que a menudo podemos observar en las noticias. En esta entrada definiremos ambos fenómenos y su relación.
Por un lado, el tráfico ilícito de migrantes es la facilitación de la entrada ilegal de una persona en un Estado para la obtención directa o indirecta de un beneficio financiero o material.
Por otro lado, la trata de personas es considerada la esclavitud del siglo XX. La trata supone la captación, traslado o recepción de personas con fines de explotación recurriendo a la amenaza, al uso de la fuerza u otras formas de coacción. La explotación incluye prostitución y otras formas de explotación sexual, la esclavitud, la servidumbre, la mendicidad, las actividades delictivas y la extracción de órganos corporales.
El tráfico ilícito de inmigrantes, a diferencia de la trata, implica el cruce de fronteras. Además, en el tráfico encontramos una relación más breve que en la trata, que suele ser continua. Al ser una persona la mercancía, se puede considerar que los traficantes cometen un delito contra las personas en la trata, mientras que en el tráfico de inmigrantes la mercancía es el servicio de facilitar la entrada y los traficantes cometen un crimen contra el Estado. Por último, el tráfico ilícito puede darse sin actos de fuerza, coacción, engaño o abuso de poder.
A pesar de estas diferencias, ambos fenómenos pueden producirse por las mismas rutas e incluso ser perpetuados por los mismos delincuentes. Los migrantes, en la búsqueda de una vida mejor, pueden ser vulnerables al tráfico ilícito. A su vez, pueden ser víctimas de engaños y diversos delitos que violen sus derechos, como la trata. En conclusión, el tráfico ilícito puede derivar a la trata. Por tanto, es importante abordar estas dos problemáticas de una manera conjunta y desde un enfoque basado en los derechos.
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